VIVIENDO Y SOBREVIVIENDO EL CÁNCER DE MAMA

Esta es la historia de Deborah, del momento en que supo que tenía cáncer, el proceso y la supervivencia. El testimonio de una valiente que debería resonar en todas las mujeres con el fin de prevenir esta enfermedad.


Fue en el invierno de 2015 cuando a Deborah le diagnosticaron cáncer de mama. Madre de tres hijos, que en ese entonces tenían 20, 16 y 9 años, ella tenía 45 cuando aprovechó de hacerse los exámenes que no se realizaba hace aproximadamente dos años y se enteró de la noticia.

Deborah no se hacía la mamografía ni la ecografía mamaria regularmente pero tampoco sentía nada extraño, ni una protuberancia o algún signo que la haya hecho sospechar.


No fue fácil para el médico decirle, ni para ella escucharlo. De hecho, fue Deborah quien le preguntó directamente “¿Tengo cáncer?”. El doctor miró a la secretaria, luego a ella nuevamente y le dijo que sí. Recuerda que “En ese momento, pensé mil cosas: la familia, mis hijos… pero como tengo un carácter más duro a veces, me puse fuerte. Pensé ‘bueno, me tocó y hay que poner todas las ganas en salir adelante”.


Fue lo primero que planteó a su familia. Les pidió que no preguntaran por qué sino que se concentraran en la realidad, cómo enfrentarla y solucionar la situación: “Simplemente me había tocado y había que dar la pelea. Cuesta. Es complicado que te digan que tienes cáncer pero hay que ser fuerte”.

Su cáncer estaba encapsulado y en un estadio temprano. Su tía, que es químico farmacéutica y a quien Deborah ve como su madre, la orientó en todo. Es así como llegó a Santiago para operarse con el Doctor Carlos Rencoret, con quién aún se atiende: “El doctor siempre me dio harta fuerza. Gracias a Dios, me tocaron buenos médicos. Me hicieron radioterapia. No tuve quimio. Siento que Dios te manda las cosas cuando eres capaz de enfrentarlas. A lo mejor si se me hubiese caído el pelo, hubiese sido más complicado para mí. Para una mujer es difícil eso pero gracias a Dios fue con radioterapia y un medicamento que hasta el día de hoy tomo.”


“Lo más fuerte es el miedo porque todos dicen que cáncer es igual a muerte. Por suerte en esos momentos tenía los medios para tratarme, tuve buenos médicos, mi familia me apoyó mucho. No tuve que ir a un centro público, que creo que eso a veces complica mucho a las personas por el tiempo, la espera, porque no tienen los recursos para hacer todo rápido.”

Deborah junto a su marido en la actualidad

La vida de esta valiente que se desempeña como contratista en el rubro de transporte y vive en La Ligua, nunca fue la misma después de ese invierno del 2015. Ha superado el cáncer pero reconoce que “es algo que te cambia la vida por completo. Piensas distinto, empiezas a vivir el día a día, disfrutas a tu gente. Creo que fui bendecida entre todo, Dios siempre estuvo conmigo. Creo que el momento en que asumí fue después de los seis meses, cuando te chequean de nuevo. Ahí dije ‘uff … lo que me había pasado y podría pasarme en cualquier momento…’ porque cada vez que te tienes que ir a controlar da mucho susto. Estás con el miedo de si el cáncer habrá vuelto o no. Pero bueno, hay que confiar en Dios y ser fuerte.”


Le preguntamos a Deborah cuál sería el mensaje para todas las mujeres respecto a esta enfermedad después de haberla vivido y sobrevivido. Ella lo piensa y dice “Que nos demos un tiempo para nosotras. A veces por ser mamá o por trabajar, nos dejamos estar, no nos hacemos los chequeos; a veces también es por falta de dinero pero hay que darse un momento. Estando uno bien, el resto que viene detrás está mucho mejor y hay que hacerse los chequeos anualmente.”

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